* ¿QUE ES POESÍA Y CANTO?
"cancionero popular argentino"
Poesía y Canto" es un espacio para difundir el cancionero popular argentino. Este rincón ha sido creado para publicar las obras de los grandes autores y compositores de nuestro folclore, así como también las nuevas creaciones de jóvenes comprometidos con nuestra raíz.
Muchos poetas, compositores se harán presente en este portal, para que los duendes de la poesía y del canto nativo perduren en el tiempo y puedan ser leídos en cualquier lugar del mundo.
Espero ustedes se sumen a esta iniciativa y se animen a comentar, a proponer o agreguen información, para preservar y difundir estas obras populares, con el fin de mostrarle al mundo nuestro acervo cultural...
. Viditay, ya me voy de los pagos del Tucumán en el Aconquija viene clareando, viditay, nunca te'i de olvidar
Viditay, triste está suspirando mi corazón y con el pañuelo te voy diciendo, paloma, vidita, adiós, adiós .
Estribillo: Viditay, ya me voy y se me hace que no he'i volver Malhaya mi suerte tanto quererte, vidita y tenerte que perder Malhaya mi suerte tanto quererte viene clareando mi padecer
Al clarear yo me iré a mis pagos de Chasquivil y hasta las espuelas te irán diciendo, viditay, no te olvides de mí.
Zambas sí, penas no eso quiere mi corazón pero hasta la zamba se vuelve triste, viditay, cuando se dice adiós
Una voz bella quien la tuviera para cantarte toda la vida pero mi estrella me dio este acento y así te siento tierra querida pero mi estrella me dio este acento y así te siento tierra querida
Como un guijarro que se despeña rueda mi copla sueños y heridas yo soy arisco como tus brenas y así te canto tierra querida yo soy arisco como tus brenas y así te canto tierra querida
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Estribillo: Andaré por los cerros selvas y pampas toga la vida arrimandole coplas a tu esperanza tierra querida arrimandole coplas a tu esperanza tierra querida
Me dan sus fuegos calidos zondas me dan su fuerza bravos pamperos y en el misterio de las quebradas vaga la sombra de mis abuelos y en el misterio de las quebradas vaga la sombra de mis abuelos
Lunas me vieron por esos cerros y en las llanuras anochecidas buscando el alma de tu paisaje para cantarte tierra querida buscando el alma de tu paisaje para cantarte tierra querida
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Estribillo...
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Autor de letra y música: Atahualpa Yupanqui (Héctor Roberto Chavero)
Escuchemos a Juan Carlos Dávalos en un fragmento de "El viento blanco"; este sentido escritor nos permite otear entre las nubes hechas del polvo que amasa el viento, un visitante de "esas cosas de la vida del arriero", la vida de los hombres, animales, plantas y espíritu de nuestra tierra.
"...Ocuparon los hombres sus sitios habituales: uno a vanguardia de la tropa, dos a los flancos, y a la zaga del pstrón. A intervalos regulares, el grito de ¡Huella!... prolongado, agudo, estimulaba a aquella lenta masa de carne pasiva y melancólica. Veíase hacía adelante, extendida a lo largo del campo inmenso, la faja parda y recta del camino, que en suave cuesta ascendente iba a esfurmarse en un abra, allá lejos, entre unos cerros chatos y rojizos. De cuando en cuando los arrieros miraban polvear al ras del horizonte esas ligeras nubecillas que levanta, al huir, salvajemente ariscas, las tropas de vicuñas. Antenor Sánchez recordaba, al verlas, sus correrías de semana santa en las montañas del Incañan y del Chañe, cuando, acompañado a veces por amigos puebleros de Salta, pasábase los días 'cerreando' de cumbre en cumbre, para bajar a su finca con veinte o treinta pieles. A mil metros de la tropilla, en aquella Puna, donde Antenor ponía el ojo, el mismo metía la bala. Pero cuando se viaja con haciendas no es bueno perder tiempo en casería, ni hay que llevar máuser. Andar, andar siempre, caminar noche y día, es el afán constante del arriero pués a cada legua la novillada merma de peso y es necesario llegar a Chile en las condiciones exigidas por los contratos. Al cerrar la noche se detuvieron en una hoyada. Como arreciara el frío, los hombres hicieron fuego con cuernos de cabra que traían en las alforjas. El cuerpo les pedía algo caliente. Fabián Martínez rondaba el ganado. Anastasio Cruz alineaba en una olla pequeña la sopa de harina cocida y charqui. Antenor Sánchez, arrodillado en ala arena, defendía el fuego con su poncho, de espaldas al viento. En cuanto a Loreto Peñaloza, permanecía montado, ahí cerca, teniendo las riendas..."